Un teléfono que vuelve a los orígenes


Por SANTIAGO SIEBENS REY 

 

 

 

 

 

Imaginemos que alguien lanzara un teléfono que no hace nada. Bueno, no exactamente nada, solo llamar y recibir llamadas. Pequeño, con una batería que dura como para olvidarse, quizá incluso con un diseño bonito y cuidado. Parece dejar un sabor amargo en la boca. ¿Por qué alguien querría comprar algo así?

 

Pues hay alguien dispuesto a arriesgarse y fabricarlo. Y tiene un objetivo muy claro.

 

No se engañen pensando que es una re-edición de los icónicos Nokia de hace 15 años. Tampoco es un nuevo lanzamiento de Apple.

 

Esta es la propuesta disruptiva de una start-up y tuvimos oportunidad de entrevistarnos con Kaiwei, el co-fundador de esta extraña visión, en el último Mobile World Congress de Barcelona.

 

Una pequeña empresa que se vanagloria de ser el nuevo efecto pendular de la industria telefónica. 

 

¿Interesados? Acérquense y vean.

 

La historia comienza con dos tíos que empezaron a desarrollar un teléfono que permitiera únicamente realizar llamadas. Un simple segundo teléfono conectado al Smartphone por bluetooth pero sin conexión a internet, ni wifi, ni chats, sólo la voz. Nada de smartphone, solo phone. 

 

Un celular para limitar nuestra comunicación, pero sin abstraernos del mundo que nos rodea.

 

Según ellos, muchos productos en el mercado pretenden hacer “nuestras vidas más sencillas”, cuando en realidad nos convierten en adictos. Esta compañía quiere derribar el mito de los beneficios del multitasking y de la necesidad de eficientizar cada segundo de nuestro día. Poder prescindir de la constante sobre-exposición hacia productos que no necesitamos, diseñando aquello que nos devuelva el tiempo. Quieren ofrecernos la oportunidad de romper esta cadena de dependencia, volver a apreciar las cosas que nos rodean y encontrar sentido a lo que hacemos. Es la ley del péndulo. Y nos está pasando con los teléfonos móviles.

 

¿Y de que va esto del “efecto pendular”? En psicología se habla de la “teoría del péndulo”: a cada acción equivale una reacción en su opuesto, estableciendo un balance, un equilibrio. Y luego de observar varios años el avance tecnológico de la telefonía, podemos observar una descripción “pendular” en su evolución.

 

En un principio, los celulares eran estructuras grandes y poco amigables, pero que maravillaron al mundo brindando la posibilidad de conectarnos sin necesidad de cables. Significó el primer paso para la conquista de las comunicaciones. No mucho tiempo después, gracias al desarrollo tecnológico, se llegó a maximizar la eficiencia del móvil en el mínimo espacio posible. En mi memoria todavía tengo imágenes de mi primer SIEMENS, el más pequeño del mercado en incluir una cámara fotográfica.

 

Por allí, en el medio de esta historia, un señor llamado Steve Jobs pudo ver un gran potencial en este dispositivo, e imaginó un mundo en el que todo pudiera hacerse desde el celular (videos, compras, fotos, mapas, mails, redes sociales, juegos, todo…). Visualizamos el abanico de oportunidades frente a nuestros ojos, cada minuto de nuestra vida tenía que ser eficiente. No había tiempo, o quizás lo perdimos sin darnos cuenta.

 

Aparecieron los BlackBerry, luego los iPhone, hasta llegar a culminar con las famosas “phablet”. El movimiento pendular tecnológico nos llevó al principio, los teléfonos se convirtieron nuevamente en objetos más grandes que nuestras manos, con muchas funciones pero mucha incomodidad. Avanzamos, pero fuimos perdiendo cosas en el camino.

 

Aquello que en algún momento nos permitió comunicarnos ahora nos consumía, nos alejaba del contacto físico con las personas. Dejamos de llamar para escribir. Dejamos de escribir para mandar audios, dejamos de conversar. Y así llegamos al día de hoy. 

 

¿Recuerdan al principio de la nota lo extraño y utópico que parecía la propuesta de un celular que no hiciera nada? ¿Pensarían lo mismo ahora?

 

¿Hay una luz al final del camino de este mundo hipercomunicado tecnológicamente, pero cada vez más desconectado humanamente? ¿Será este un paso rumbo a la concientización de nuestra dependencia tecnológica? O es simplemente otro producto enfocado en seguir motivando el consumo?

 

Si les preguntaran qué tienen en común un reloj de pie y un celular ¿cuál sería su respuesta? Ambos tienen algo crucial en común: el péndulo.

 

 

Para saber un poco más...